
Empezó marzo y los mexicanos ya tuvimos nuestra primera celebración con el famoso “día de la familia” concebido e instituido durante la administración de Chente Fox, que tiene verificativo el primer domingo de este mes. La verdad no se a quien se le ocurrió la genial idea, por que no resulta novedoso que los aztecas nos reunamos con frecuencia dominguera por cualquier pretexto para comer, festejar, escuchar música y comadrear en una interminable sobremesa.
Que el día internacional de la mujer, que los mil cumpleaños, que la expropiación petrolera, el natalicio de Don Benito Juárez, la primavera…uta….nada, nada de eso le importa a los tampiqueños, en estos momentos nada nos puede mover y conmover más que el tan ansiado día del PLAYAZO.
Allá por los 80’s, grupitos de estudiantes rebeldes no asistían al último viernes de clases antes de iniciado el período vacacional de semana santa, en cambio, se iban con todo y sus uniformes y mochilas a la playa de Miramar, con sus refrescos, sus botanas y muchas ganas de asolearse.
En aquellos años se le llamaba “hacerse la pinta”, pero el tiempo ha corrido bastante y la celebración ha ganado miles de adeptos y desde luego también adquirió un nombre más sofisticado: el PLAYAZO.
Los ingenuos maestros sentencian que aquel que falte a clases ese viernes “será reprobado”, o “tendrá cinco faltas en el semestre” o “habrá un importante examen”, intentando inútilmente de disuadir al adolescente, pero nada detiene al salvaje tropel playero que ataviados con sandalias, bermudas, lentes de sol y cachucha se lanzan a gozar del sol y de las cristalinas y azules aguas del Golfo de México.
Tal es la magnitud del famoso PLAYAZO que las autoridades hace algunos años ya se preparan con antelación para el famoso día, y así tener dispuestas patrullas con policías para la vigilancia, ambulancias, stands de asistencia médica, oficiales de tránsito, en fin todo lo que se requiera para contener y cuidar a la juventud tampiqueña. Recientemente me enteré que también existen brigadas de mamás de la buena voluntad que acuden a proporcionar jugo de verduras, alka seltzer y similares alivianes para los borrachales de sus juniors y sus cuates, e incluso se ofrecen como conductoras para regresar a todo el mundo sano y salvo a sus hogares, bien hecho mamitas.
Al otro día el periódico consigna el tan esperado “saldo blanco” en el PLAYAZO, por lo regular no pasa de gente insolada, deshidratada, borrachines vomitando o algún lesionado menor por andar haciendo suertes con las motos de arena o por bailar arriba de la camioneta y saaazzz!!
Nos vemos en el PLAYAZO.
Que el día internacional de la mujer, que los mil cumpleaños, que la expropiación petrolera, el natalicio de Don Benito Juárez, la primavera…uta….nada, nada de eso le importa a los tampiqueños, en estos momentos nada nos puede mover y conmover más que el tan ansiado día del PLAYAZO.
Allá por los 80’s, grupitos de estudiantes rebeldes no asistían al último viernes de clases antes de iniciado el período vacacional de semana santa, en cambio, se iban con todo y sus uniformes y mochilas a la playa de Miramar, con sus refrescos, sus botanas y muchas ganas de asolearse.
En aquellos años se le llamaba “hacerse la pinta”, pero el tiempo ha corrido bastante y la celebración ha ganado miles de adeptos y desde luego también adquirió un nombre más sofisticado: el PLAYAZO.
Los ingenuos maestros sentencian que aquel que falte a clases ese viernes “será reprobado”, o “tendrá cinco faltas en el semestre” o “habrá un importante examen”, intentando inútilmente de disuadir al adolescente, pero nada detiene al salvaje tropel playero que ataviados con sandalias, bermudas, lentes de sol y cachucha se lanzan a gozar del sol y de las cristalinas y azules aguas del Golfo de México.
Tal es la magnitud del famoso PLAYAZO que las autoridades hace algunos años ya se preparan con antelación para el famoso día, y así tener dispuestas patrullas con policías para la vigilancia, ambulancias, stands de asistencia médica, oficiales de tránsito, en fin todo lo que se requiera para contener y cuidar a la juventud tampiqueña. Recientemente me enteré que también existen brigadas de mamás de la buena voluntad que acuden a proporcionar jugo de verduras, alka seltzer y similares alivianes para los borrachales de sus juniors y sus cuates, e incluso se ofrecen como conductoras para regresar a todo el mundo sano y salvo a sus hogares, bien hecho mamitas.
Al otro día el periódico consigna el tan esperado “saldo blanco” en el PLAYAZO, por lo regular no pasa de gente insolada, deshidratada, borrachines vomitando o algún lesionado menor por andar haciendo suertes con las motos de arena o por bailar arriba de la camioneta y saaazzz!!
Nos vemos en el PLAYAZO.



